¡Sáname, Señor!

Yo creo en ti, entra en mi corazón
y sáname con tu poder.

Esta es tu hora. Mi vida es tuya.

No esperes que anochezca
sobre mi carne enferma.

Eres mi dueño y mi señor.
No quiero caminar señor,
cada mañana pasas a mi lado
y sanas con amor mi enfermedad.

“¡Levántate y camina!” me dices al pasar
y mi cuerpo retoza cual niño al despertar.

Gracias, Señor Jesús,
por tu Palabra tan llena bondad.

Dame vida en tu Palabra.
Mi corazón está abierto
al mensaje de tu voz.

Tú eres mi fuente de vida
desde que levanta el sol.

Dame vida en tu Palabra.

Lléname de ti, señor Jesús,
como el Padre está contigo
así contigo esté yo.

Enséñame, Señor Jesús, a ser solidario.
Tú eres el hombre solidario
del pobre que te sigue con amor.

Su penuria es dolor de tus entrañas
y multiplicas panes
y sacias al hambriento con cariño.

Señor de la mañana,
toma el pan de mi vida
y pártelo de buena gana. Amén.

¡Déjame tu comentario!