¿Por qué veneramos a los santos los católicos?

 

1. Porque ellos no fueron personajes lejanos
Los santos no son lo opuesto a los pecadores. No hay opuesto a los pecadores en este mundo, de hecho San Juan nos enseña que todos somos pecadores y que quien diga que no tiene pecado es un mentiroso (1 Juan 1, 8) . Nada más mira las historias de vida de grandes santos como San Agustín o San Ignacio de Loyola. Sus vidas y sus fragilidades son tan parecidas a las nuestras que se hace imposible no verse reflejado en sus vidas y testimonios.

2. Porque han sido conquistadores de sí mismos
Una de las más grandes batalles que todos tenemos que dar es contra nosotros mismos, y aquí los santos nos ayudan con su ejemplo e intercesión. Un santo es un conquistador más grande que Alejandro Magno, que solo conquistó el mundo. Un santo se conquista a sí mismo. ¿De qué le sirve al hombre conquistar todo el mundo si no se conquista a sí mismo? De hecho su carisma muchas veces nos da pistas sobre cómo llevar adelante nuestras vidas y es así como podemos caminar por las huellas que ellos previamente nos han dejado.

3. Porque son grandes enemigos del demonio
Tenemos un gran enemigo, el Demonio, y él fue también enemigo de todos los Santos, pero ellos supieron dar una buena batalla y con la ayuda de Dios oponerse a sus seducciones y engaños. ¡Qué buena idea es confiar en los Santos cuando estamos dando la pelea contra el enemigo! te aseguro que cuando vea que en tus líneas está alguno de los santos, le temblarán las rodillas.

4. Porque retiraron sus manos del timón
Una oración que frecuentamos es «Señor bendice mis proyectos», pero la verdad es que se hace difícil para Dios poder hacer algo si nosotros ya tenemos todo bajo control. Los santos han retirado las manos del timón, dejando a Dios tomar el control de sus vidas. Eso da miedo porque Dios es invisible y uno no sabe que va a pasar. Los Santos, al retirar las manos del timón de sus vidas, las ocuparon ayudando a todo aquel que tenían a su lado, como tú y como yo.

5. Porque nos enseñan a ser fieles a Cristo
Un santo es la novia de Cristo, totalmente fiel y dependiente. Un santo también es totalmente independiente, desapegado de los ídolos y de otros esposos. Su fidelidad nos asegura dos cosas: Jesús nunca ignorará sus peticiones y nunca seremos defraudados, pues su fidelidad no sólo es con Jesús, sino que con todos, incluyendo a quienes acudimos a ellos pidiendo su intercesión.

6. Porque es buena idea seguir sus pasos
Algunos son más conocidos que otros, pero lo cierto es que todos, similares en su amor al Señor, tuvieron experiencias completamente diferentes, construyendo el reino de formas variadas. No es lo mismo seguir los pasos de San Francisco de Asís que los de San Benito de Nursia, aunque ambos siguieron los de Jesús.

El catecismo recomienda que los padres y padrinos pongan nombres a sus hijos buscando expresar una virtud o misterio cristiano y que «al ser puesto bajo el patrocinio de un santo, se le ofrece al cristiano un modelo de caridad y se le asegura su intercesión» (CEC 2156). Sus vidas son para nosotros testimonios de un camino recorrido que nos puede ayudar a recorrer el nuestro.

7. Porque nos ayudan a saltar un puesto en la fila
La intercesión de los Santos nunca reemplazará la oración directa a Dios, pero nos ayuda como cuando estamos haciendo una fila para algún trámite y de pronto te dicen: «Señor, por favor pase por acá» te hacen saltar algunos puestos y te atienden de forma más rápida. Los Santos están llevando nuestras peticiones al Señor en sus propias manos, y es su amistad con Dios, la que nos garantiza que no quedarán sin ser atendidas. Frente a esa realidad, ¿cómo no pedir su intercesión?

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