¡INCREÍBLE: avalancha destruye una ciudad, menos esta iglesia!

Una avalancha en las montañas solía ser sinónimo de catástrofe – aún más si viene por debajo de 7.500 metros cúbicos de roca, desmoronando avasalladoramente un paredón prácticamente vertical situado a pocos metros de un santuario mariano de 526 años de historia.

Lo que lo tenía todo para transformarse en un escenario de destrucción total a los pies del paredón rocoso del Valle de Spulga, al norte de Italia, sin embargo, sorprendió a quien vio los videos y fotos de la avalancha en pleno movimiento montaña abajo, el último día de mayo, rumbo a la iglesia y a la aldea construidas cerca de la frontera con Suiza.

El sacerdote Andrea Caelli declaró al diario italiano Avvenire:

“Como católico, afirmo que la mano providente de Dios acompañó este evento que podría haber terminado en tragedia”.

El santuario de Galliviaggio fue construido a partir de 1492, cuando dos jóvenes contaron una visión de Nuestra Señora en el lugar.

¿Milagro?

Es común que mucha gente vea ese tipo de hecho como algo milagroso. Desde el punto de vista de la Iglesia, no es un milagro. Es un hecho perfectamente explicable por dinámicas naturales que, aunque no sucedan con gran frecuencia, están dentro de lo previsto por la física.

La Iglesia adopta criterios muy exigentes para declarar que algún fenómeno es milagroso – y, a lo largo de los siglos, ha descartado la mayoría de las alegaciones de milagros de todo tipo. Los milagros de curaciones, por ejemplo, llegan a tardar décadas antes de ser reconocidos: los hechos necesitan ser cuidadosamente estudiados por médicos, revisados por científicos (en la mayoría de los casos, laicos e incluso ateos), expuestos a las críticas públicas y, sólo después de haber realizado todos los estudios científicos, la misma Iglesia hace el análisis teológico mediante el trabajo de sus comisiones de especialistas. A propósito, conoce un poco más sobre la delicada evaluación de supuestos milagros por parte de la Iglesia haciendo clic en este artículo sobre los 7 criterios para declarar milagrosas las curaciones de Lourdes.

Señales

Sin embargo, un acontecimiento no necesita ser técnicamente milagroso para ser visto como una señal de esperanza. Es el caso, entre otros tantos, de imágenes de Jesús y de la Virgen que permanecerán intactas en terremotos que derrumbaron edificios enteros a su alrededor, o de altares que resistieron bombardeos. Aunque esos acontecimientos sean tranquilamente explicables por el orden natural de las cosas, nada impide que sean vistos por las personas como señales inspiradoras de ánimo, esperanza y sentido en medio de lo absurdo y del caos.

El cristiano cree que Dios nos habla a través de señales, sean naturales o sobrenaturales, y que Él siempre deja a la libertad de la consciencia de cada uno la decisión final de cómo interpretarlas. Los propios ateos, además, solían enfatizar que las tragedias son una “prueba” de que Dios no existe, apelando a su “fe” en la inexistencia de Dios con base en señales pasibles de interpretaciones personales (que, además, científicamente hablando, no son validas como pruebas).

Para un cristiano, la existencia de Dios, y de un Dios que es Amor, no es incompatible con la experiencia transitoria de la tragedia: el propio Dios, encarnado en Cristo, enfrentó nada menos que la crucifixión y la muerte en la cruz para redimir a la humanidad que había escogido el pecado en detrimento de la gracia. La fe cristiana propone que la vida terrena es una breve experiencia del bien y del mal que nuestra libertad puede escoger antes de tener acceso a la eternidad para la cual hemos sido creados – y en la cual, conforme a nuestra elección que el mismo Dios respetará, viviremos o junto a Él para siempre o apartados de Él para siempre.

Para quien cree en la existencia de Dios, todo es y será siempre mera casualidad y falta de sentido. Para quien cree en Dios y en el sentido sobrenatural de la existencia, todo es y será siempre un gran milagro, testimoniado por una abundancia de señales llenas de sentido.

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