¡Honrarás a tu padre y a tu madre!

Basta de papás no respetados o abandonados

La honra hacia el padre y la madre, más que un mandato, es una exigencia del corazón. Además, no es una realidad que se dirige sólo a niños y personas que están creciendo, sino también a hombres y mujeres adultos.

El fundamento bíblico de esta instrucción santa radica en la promesa de una bendición al pueblo de Israel: “¡Honra a tus progenitores para que se prolonguen tus días sobre la tierra!” (cfr. Éx 20,12). Pues cuando los hijos ya no honran ni aprecian a sus padres, pierden sus raíces. Y sin raíces, no pueden florecer.

Honrar a los padres quiere decir participar de su sabiduría y experiencia. Significa respetar las raíces de la propia existencia a fin de consolidar la identidad. Es, pues, un mandato divino que también tiene relación con la autoestima: además de fortalecer el respeto por el linaje (la proveniencia), da seguridad y estabilidad en medio de la turbulencia de la vida.

Quien honra a sus padres aprecia su vida

La honradez hacia los padres significa sobre todo estimarlos. Poque si los despreciamos, automáticamente despreciamos una parte de nosotros mismos. Hay personas que hablan muy despectivamente de sus padres: “Son cortos de pensamiento, de miras estrechas, sin formación, limitados, de derechas, sin grandes horizontes”… Pero si nos quedamos con este juicio, tenemos que desestimar una parte de nosotros mismos. Existen individuos que nunca presentarían a sus padres a nadie, sino que poco a poco los apartarían de lo público, se avergonzarían de ellos. Sin embargo, esto no hace bien, ya que “quien es incapaz de estimar y honrar a sus padres, no aprecia ni respeta el fondo de su propia vida”.

Ciertamente que no es obligación glorificar a nuestros padres, pero necesitamos apreciarlos. Y apreciarlos quiere decir observar lo que les mueve, dónde se encuentran atrapados, desde dónde viven su vida. Por lo menos debemos intentar entender cómo son, por qué son así, o por qué tienen tal o cual punto de vista. En ese intento se debe dejar de lado todo tipo de valoraciones y alcanzar el respeto. Porque apreciar tiene relación con “reflexionar”, “considerar”. Y en cuanto reflexionamos sobre nuestros padres, descubrimos su valor.

Agradecer y respetar nuestra propia historia

Honrar a los padres significa sentir agradecimiento por aquellos que nos vieron nacer y nos educaron. Quien no agradece ni respeta a sus padres, se queda sin raíces, olvida de dónde viene y a dónde va. Recordemos que la palabra respeto proviene de “respicere”, que significa “mirar para atrás”, “tener en cuenta”. Y sólo se puede mirar para adelante si se reconoce de dónde venimos. Sólo se puede seguir adelante si tenemos en cuenta el camino por el que hemos seguido hasta el momento.

Los padres son los responsables de nuestra procedencia. Les debemos respeto. Les hemos de contemplar una y otra vez para reconocer quiénes somos. Sin dicho respeto, sin valoración hacia ellos, se pierde de vista lo esencial.

La Biblia dice que sin respeto a los padres no tendremos éxito en la vida. Pues para vivir bien durante mucho tiempo en esta tierra, hace falta el recuerdo. Se trata de descubrir en ellos nuestra propia historia.

Hoy sabemos que muchos problemas psíquicos proceden de secretos familiares reprimidos. Por ello hace falta la mirada retrospectiva para no repetir las desgracias que han ocurrido a la familia de donde procedemos. Si no hay recuerdo ni respeto hacia los padres y abuelos y toda su historia, no podremos convertir nuestras vidas en una bendición.

También cuando los hijos tienen dificultades con los padres, deben postrarse ante ellos, incluso cuando ya hayan muerto, y decirles: “Te honro como mi padre y como mi madre. Me dieron lo que pudieron. A menudo esperaba más. Sin embargo, agradezco lo que me han dado. Siempre los recordaré con respeto”. Para muchos sabios, ésta es una condición para alcanzar una vida plena.

Sanar las heridas

No se puede ocultar que, en muchas familias, los padres causan heridas en los hijos. Pero aquí no se trata de culpar a los padres.

Honrar no significa soslayar los fallos de aquellos que nos dieron la vida. Sin embargo, no debemos detenernos en los reproches y en los daños que pudieron habernos causado. Después de reconocer las heridas, nos corresponde a la vez perdonarles sus errores. Sólo así nos podremos librar de la energía negativa. Porque el perdón da la posibilidad de reconocer las raíces positivas y descubrir de repente qué es lo que nuestros padres nos han heredado en su intento de cumplir con su papel de formadores, a pesar de sus limitaciones.

Algunas orientaciones bíblicas

La Biblia, especialmente en los textos sapienciales (cfr. Eclesiático 3,1-16), revela la sabiduría de Dios acumulada y transmitida por hombres inspirados y experimentados. Dicha sabiduría también incluye la honra que debe hacerse a los padres. He aquí cuatro consejos bíblicos y prácticos que nos llevan a la salvación:

1. “A mí que soy su padre escúchenme, hijos, y obren así para salvarse. Pues el Señor quiso que los hijos respetaran a su padre, y afirmó el derecho de la madre sobre su prole”.

2. “Quien honra a su padre obtiene el perdón de sus pecados; quien da gloria a su madre es como el que junta un tesoro”.

3. “En obra y palabra honra a tu padre, para que te alcance su bendición, pues la bendición del padre afianza la casa de los hijos, y la maldición de la madre destruye los cimientos”.

4. “Hijo, cuida de tu padre y tu madre en su vejez, y en su vida no les causes tristeza. Aunque hayan perdido la cabeza, sé indulgente, no les desprecies por estar tú en la plenitud de tu vigor, pues el servicio hecho a los padres no quedará en el olvido, sino que será para ti restauración en lugar de tus pecados. El día de tu tribulación el Señor se acordará de ti; y tus pecados se disolverán como hielo en buen tiempo”.

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